06 enero 2011

Malcriados

Prácticamente ninguno de los chamacos que recibieron juguetes esta madrugada los merecen, es un hecho. Desconozco si se trata de la radiación de la televisión, del cóctel químico en cada golosina fluorescente que ingieren o simplemente es la corrección política rampante en el oficio de ser padre que impide disciplinar físicamente a tus hijos cuando quema el gato porque opta por dialogar con el niño; el punto es que los mocosos ya no se portan bien. Les es imposible acatar la más sencilla e inocente de las órdenes, traer un vaso con agua cuando se los piden pareciera violentar toda su existencia por lo que prefieren ignorarlo olímpicamente, incluso pueden pasar al lado del abuelo que, tendido en el suelo, acaba de fracturarse la cadera sin inmutarse y, peor aún, cada día descubren nuevas formas de manipulación para conseguir exactamente lo que quieren.

Si algo nos han enseñado los convictos reformados, los fanáticos apocalípticos y los críticos pomposos es que siempre podremos recurrir al buen libro -a los evangelios, pues- cuando estamos perdidos, cuando el mundo parece darnos la espalda y no hay nadie tan tonto o tan ingenuo como para sugerir una respuesta, la religión alza la mano.

Dios mío, hazme entender por qué carajo esos engendros berrinchudos siguen teniendo los bolsillos llenos de juegos de Wii, el más nuevo Smartphone, el Buzz Lightyear que brilla en la oscuridad o lo último en muñecas de estilo esquinero como las Bratz. ¿Por qué? Si comerme todas las verduras o ayudar en el aseo de la casa nunca me valió ante los Reyes para que me trajeran el barco pirata de Playmobil, por ejemplo.

La respuesta, como la mayoría de las respuestas que ofrecen los evangelios, estaba ahí para cualquiera que se molestara en buscarla, en todo su esplendor, con todo su cinismo. Indignante y frustrante como suele ser la verdad para la religión católica: Jesús era un chamaco berrinchudo. Un malcriado, un bully. Y siempre se salía con la suya.

La riqueza en matices humanos de los evangelios ocultos nos da una perspectiva completa de la infancia de Jesús. El apóstol Tomás fue quien le escribió.

Así me lo refirieron.

Todo comienza con la huída hacia Egipto, cuando Jesús tenía apenas dos años y debían salvar su vida. Un día, el niño Jesús encontró un pez seco, deshidratado con sal, y le ordenó que se quitase la sal y volviera al agua, cosa que el pez hizo para espanto de los vecinos, que por ello expulsaron a la familia del pueblo. Al volver a Nazareth, un sábado -violentando el descanso obligatorio-, bajo un terrible construyó una fuente y luego, con el barro, hizo doce pajaritos a los que dio vida, y volaron. Entonces otro niño, un fariseo, destruyó la fuente con una rama de olivo, y el niño Jesús, con rabia, le espetó: ‘Sodomita impío e ignorante (…): Quedarás como un árbol seco, sin raíces, sin hojas ni frutos”, y el sodomita en cuestión cayó muerto ipso facto.

Otro día, un niño que corría por el pueblo tropezó con el niño Jesús, y él, ni tardo ni perezoso, lo maldijo: ‘No acabarás el camino que has comenzado a recorrer’, y a media carrera el niño cayó muerto, levantando una nube de polvo. Entonces, los padres del difunto, junto a otros padres de la aldea, fueron a ver a José, a contarle lo ocurrido, y Jesús, enojado, los dejó a todos ciegos. José agarró al niño por la oreja y lo sacudió un poco, y el lindo niño Jesús lo miró a los ojos y le dijo: ‘Bástete mirarme, mas no me toques. Tú no sabes quién soy. Y si lo supieras no me contrariarías. Porque, aun estando contigo, he sido creado antes que tú’. Y el putativo padre, temeroso, dio un paso atrás.

En algunas traducciones Jesús no es tan áspero, aunque siempre es sabiondo y rencoroso y, al igual que en la mayor parte de la Biblia, hay que lidiar con su exasperante megalomanía.

Enseguida narra los pequeños problemas con sus profesores. El primero que vio en él a un chico excepcional, y quiso instruirlo, acabó vapuleado. El muchacho comenzó diciendo que no tenía nada que enseñarle a Él, pues ‘yo he sido el Señor antes que todos los hombres, y la gloria de los siglos me ha sido dada. Mas nada se os ha dado a vosotros’, dijo el alumno al maestro y al resto de los niños. Mamoncito él. El profesor quiso entonces enseñarle las letras, comenzando por ‘alpha’, y Jesús lo corrigió: ‘Observa, maestro, la disposición de la primera letra, y nota cómo hay líneas y un rasgo mediano que atraviesa esas líneas que tú ves comunes y reunidas, y cómo la parte superior avanza y las reúne de nuevo, triples y homogéneas, principales y subordinadas, de igual medida. Tales son las líneas del Alpha’. Terminada la lección, el maestro fue a ver a José, y le dijo: ‘Yo te ruego, hermano, que te lo lleves, pues no puedo mirarlo a la cara, ni escuchar sus discursos asombrosos’. Otro maestro, encolerizado por los desvaríos del niño, lo golpeó en la cabeza ‘y Jesús, irritado, lo maldijo, y el maestro cayó al suelo, y murió’. Luego, lo acusaron de haber lanzado a un niño desde una azotea, y Jesús llegó hasta el niño muerto y le ordenó: ‘Zenón, levántate y di si yo te he hechocaer’,y el chacaleado Zenón se puso de pie, aturdido, y respondió: ‘No, Señor: tú sólo me has resucitado’. Así, poco a poco, el niño Jesús parece enmendarse y se dedica a curar enfermos y a repartir grano entre los pobres, las viudas y los huérfanos.

¿Cómo podemos esperar, entonces, que nuestros sobrinos se porten bien si el modelo, el agazajado principal, es un cabroncete irreverente que podría compararse con el más malcriado de los hijos de Bush, Slim o con la mismísima Lindsey Lohan que, aún siendo unos ojetes con todos los que tienen enfrente y abusando indiscriminadamente de su poder, logran salirse con la suya y quedarse con todos los regalos?

Portarse bien no deja nada bueno, me cae.

7 comentarios:

SILVIA dijo...

¡Coñe! No se que "clase" de niños conoces...
para nada creo que un niño no se merezca un juguete ¡Y mil!
Para nada creo que sean tan abominables como los pintas. tengo una hija, ya casi una adolescente, hija única por cierto, y no es nada de lo que cuentas.
Los niños son niños, y como tal se comportan.
El problema lo tenemos los padres. Un niño pide por naturaleza y exige y berrea ¡claro que si! pero para eso están los padres: para enseñarles valores, respeto, tolerancia y educación ¿no crees?
Cierto es sin embargo, que muy a menudo tendemos a saturarles de regalos y objetos inútiles, creo, que por el mero placer de verles sonreír o en su defecto, por que tengan "lo mismo que los demás niños". Y eso, no te lo discuto, es un gravísimo error e incluso un problema.
Pero si se lo das ¿qué niño crees tu que rechazaría un regalo?
En fin, que los niños son simplemente niños, no lo olvidemos. Y nos guste o no, el problema está en los padres.
Un saludo!!

DaliaNegra dijo...

Jajajaja,nunca habia enfocado ese culebrón de esta manera, pero me parece genial y muy cierta, eso, si el tio del que hablas existió realmente...
Un beso***

.. Âtipik Fräulein.. dijo...

pues si es raro ver como cada vez que avanzan las futuras generaciones se vuelven menos sensibles.

antartida dijo...

Aquí se dice:
Cuando era bebé me lo quería comer, y ahora que es grande me pregunto porque no me lo habré comido!


vamos, que una nalgada o una de esas zapatillas voladoras de madre, a esquivar...
Eso no tiene igual.
Por supuesto que también recuerdo el famoso castigo de sin tele y sin consola, llegando al punto que mi madre se llevara cables y vídeojuegos en el bolso.
Aprendimos a callar más, y algo de tecnología, antenísmo con chatarras y confundir los cables. Pero también que había que respetar a mi madre entre tanta jugada. Seguramente porque sobretodo mi madre sólo compraba refrescos y nocilla en navidad y cumpleaños, porque importaban nuestras calificaciones de curso, y recibí libros y mochilas muchos 6 de enero-... quizá eso te hace valorar más las cosas, y ver que tu como tus padres debes seguir ciertas normas.
Ahora parece que se creen sobre el bien y el mal estos cuchufletos!

Lady Godiva dijo...

Jajaja... un comentario a destiempo. Está comprobado, el imperialismo infantil es lo de hoy. Con lo de las golosinas recordé mi infancia:)

Muy buen sentido del humor.

Jova dijo...

Mi hijo si lo merecía, o eso quiero creer porque aun no es malcriado tiene sólo 10 meses, espero tener la sabiduría para no criar a un monstruo.

Edith dijo...

PAPANATAS